“La muerte es, en efecto, un enorme misterio, pero de ella podemos decir dos cosas: es absolutamente cierto que moriremos y es incierto cómo y cuando moriremos”  

Sogyal Rimpoché   

En mi experiencia con y en la terapia Gestalt lo más curativo ha sido experimentar lo que creo que soy para darme cuenta de quien soy, mirar sin juicio.

La tentación de los juicios, del “camino correcto” aparece ante mí como una traba que me impide el contacto. Si expreso en voz alta y le doy forma al juicio y a la exigencia de alguna forma se afloja. Lo neurótico se cae por su propio peso.

El darse cuenta integral como una experiencia en sí misma de lo que nos sucede a cada uno de nosotros con uno mismo, con el otro y con el medio es una experiencia sanadora y liberadora. Entonces ¿por qué evitamos esta experiencia?.

A través de los mecanismos de defensa aprendemos a manejar el mundo. Estos mecanismos automáticos nos permiten manipular lo que nos rodea, incluso a nosotros mismos para sobrevivir. El problema aparece cuando estos automatismos se quedan fijados y nos apartan de la experiencia. Nos quedamos atrapados en una forma de ser y sentir que nos aleja de nosotros mismos.

Estos comportamientos automáticos son apropiados en algunas situaciones. La cualidad de automático es la que nos bloquea e impide la fluidez de la vida.

La vida y lo que nos rodea está en continuo cambio y crecimiento. El ser humano se robotiza, busca una estabilidad ficticia en la que queda atrapado.

¿Qué pasa cuando soltamos los automáticos, cuando aflojamos la máquina?. La experiencia de impermanencia puede ser a la vez una experiencia tan liberadora como angustiosa.

Entonces ¿para qué nos aferramos a una forma de ser y sentir que ya no corresponde al presente?¿Para qué nos agarramos una parte de nosotros que ya está muerta?.

La identificación con algo muerto en nosotros nos hace sentirnos muertos pero la experiencia de vacío tras soltar lo automático a menudo es insostenible. Por ello la presencia de “otro” hace más llevadero el tránsito. Una presencia sin juicio. Como el de una partera y un enterrador, que espera que ante él se haga posible la vida y la muerte.

Amor Hernández